El sueño en el adulto

Sueño en el adulto

Las personas normales suele tener un sueño mas o menos continuo y reparador, pero si:

¿Tiene dificultades para conciliar y/o mantener el sueño?, ¿Su descanso es poco reparador y poco satisfactorio por las noches?, ¿Duerme en exceso?, ¿hace siestas de mas de una hora de duración?, ¿Padece de sueño durante el día? y/o ¿ronca?

Podría ser que no tuviera problemas relacionados con el sueño, que te proporcionarian un sueño un sueño mala calidad  y no reparador, lo que podría llevar a unas consecuencias nefastas para su salud y para su rendimiento físico y mental.

El sueño del adulto es un fenómeno que tenemos que preservar a toda costa, y aunque  te cueste creerlo,  actualmente existen más de 90 tipos trastornos de sueño en el adulto, como son; el insomnio crónico, el ronquido, la apnea del sueño, el síndrome de piernas inquietas, el sonmbulismo, las pesadillas, el trastorno de la conducta en sueño REM, el jet lag, el retraso de fase,  etc…  Pero resulta que todos ellos suelen ser estar  infravalorados e infradiagnosticados.

Ya sea tanto por  parte del paciente que no le da importancia a los síntomas  y no va a consultar, como los propios facultativos,  que  aunque alguien les consulte,  no están capacitados ni formados  para identificar y diagnosticar  los diferentes trastornos del sueño, por lo que suelen acabar dando una pastilla (noctamido, orfidal  etc…)  que en muchos casos  no solo no hace efecto sinó que incluso empeora y perpetua el problema inicial.

¿Qué es el Sueño?

Las personas necesitan dormir, el sueño es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento.

El sueño ha sido y sigue siendo uno de los enigmas de la investigación científica, y aun a día de hoy, tenemos grandes dudas sobre él.

De ser considerado un fenómeno pasivo en el que parecía no ocurrir aparentemente nada, se ha pasado a considerar a partir de la aparición de técnicas de medición de la actividad eléctrica cerebral, un estado de conciencia dinámico en que podemos llegar atener una actividad cerebral tan activa como en la vigilia y en el que ocurren grandes modificaciones del funcionamiento del organismo; cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros.

¿Por qué tenemos que dormir?

De modo resumido podríamos decir que dormimos para poder estar despiertos por el día y que, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día necesitamos dormir. El sueño es una necesidad básica del organismo y su satisfacción nos permite la supervivencia.

Todo lo que pasa en el cuerpo humano guarda un equilibrio, y si falla este equilibrio el organismo tratará por todos los medios de volver a recuperarlo. Gracias a los experimentos de privación de sueño se ha comprendido que cuando se elimina “completamente” la posibilidad de dormir en un organismo, sobreviene la muerte.

Cuando se le priva de sueño temporalmente o parcialmente, es decir no se le deja dormir un día, o no se le permite tener alguna fase concreta de sueño, en el organismo se produce en respuesta un aumento de la fase que se ha anulado y de la necesidad de sueño en los días posteriores a dicha privación. Esto viene a confirmar que el organismo tratará por todos los medios de conservar su equilibrio recuperando aquello de lo que se le ha privado.

A medida que aumenta la supresión de sueño, vemos como se produce un claro deterioro en el funcionamiento diurno; se produce una disminución del rendimiento intelectual con dificultades de concentración y utilización de la memoria, así como de la capacidad de abstracción y razonamiento lógico. Disminuyen los reflejos produciendo un aumento del tiempo necesario para reaccionar a un estímulo, lo que puede favorecer el riesgo de accidentes de tráfico, domésticos y laborales.

Aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psiquiátricos, ya que se producen alteraciones en el estado de ánimo aumentando los niveles de ansiedad e irritabilidad. La privación severa de sueño, puede precipitar la aparición de alucinaciones (confundiendo imágenes resultantes de la imaginación con la realidad), alteraciones neurológicas y ataques epilépticos.

¿Cómo esta estructurado el sueño en el adulto?

Cada noche, cuando se concilia el sueño, pasamos por diferentes fases o estadios de sueño que se suceden con un patrón repetido a lo largo de cuatro a seis ciclos de sueño durante toda la noche de 90 a 120 minutos de duración. Todos estos estadios se incluyen en dos grandes fases de sueño (Sueño NREM  y sueño REM), con grandes diferencias en cuanto a actividad muscular, cerebral y movimientos oculares.

Sueño no REM:

Lo constituyen tres fases o etapas del sueño, en los que se va profundizando progresivamente en el sueño (fases I, II, III ). La actividad cerebral, registrada mediante medición de las ondas cerebrales (electroencefalograma o EEG), muestra ondas cerebrales de alta frecuencia y baja amplitud (vigilia) que se van progresivamente transformando en ondas cada vez de menor frecuencia y mayor amplitud.

El tono muscular va descendiendo, dejando nuestro cuerpo cada vez más relajado e inmóvil, así como el ritmo respiratorio y cardiaco y los lentos movimientos oculares del inicio del sueño desparecen por completo.

La progresión de la fase I a la III dura aproximadamente 90 minutos y comporta una profundización en el sueño que implica mayor aislamiento sensorial del entorno y por tanto mayores dificultades para despertar, que llegan al grado máximo en la fase III.

Los cambios orgánicos que se producen en esta fase del sueño, han llevado a los científicos a apuntar su relación con la recuperación física del organismo (regeneración y recuperación de energía), concluyendo que la desaparición del sueño profundo puede desencadenar problemas médicos importantes (problemas de crecimiento, déficit hormonales, etc.).

Sueño MOR, REM o de los Movimientos Oculares Rápidos:

Aparece por primera vez aproximadamente a los 90 minutos de quedarnos dormidos. La actividad cerebral es rápida y de baja amplitud, pareciéndose más a la que presentamos en vigilia. Sin embargo, hay una importante diferencia respecto a la vigilia, y es que en este caso, la actividad no es provocada por estímulos externos percibidos a través de los sentidos, sino por los ensueños o sueños que tienen lugar en esta fase.

Una de las cosas que caracteriza a esta fase del sueño es la pérdida del tono muscular, protegiéndonos así de lesionarnos o tener los problemas derivados de mover nuestro cuerpo en respuesta a los sueños. Esta fase del sueño también se caracteriza por la aparición de movimientos oculares rápidos.

A lo largo de la noche, este tipo de sueño se va alternando con las distintas fases del sueño no REM, aunque la mayor parte del sueño REM se produce al final de la noche. Por este motivo, cuánto más tarde nos levantamos más probabilidades tenemos de recordar los sueños, puesto que recordamos los sueños cuando nos despertamos a partir de esta fase.

Los cambios que se producen en esta fase, han llevado a los científicos a apuntar la relación que puede tener el sueño REM con la consolidación y recuerdo de lo que aprendemos durante el día. El hecho de que la cantidad de sueño REM cambie a lo largo del ciclo vital, de modo que los bebes y niños tengan más sueño de este tipo que los adultos, y éstos que los ancianos, parece confirmar esta hipótesis, ya que participaría en funciones de reorganización neuronal y aprendizaje.

¿Cuántas horas hay que dormir?

Las necesidades de sueño básicas para mantener las funciones y supervivencia del organismo se sitúan sobre una media de 4 o 5 horas de sueño cada 24 horas. El resto de horas que dormimos contribuyen a mejorar nuestro bienestar y mayor calidad de vida, estimando que en una media de 7,5-8 horas podría encontrarse el punto optimo de descanso.

Nos podemos preguntar cuantas horas de sueño necesita un adulto, cuantas horas de sueño profundo debe tener un adulto o cuantas horas de sueño profundo necesita un adulto. Incluso temas relacionados con la higiene del sueño en adultos. Lo recomendado es acudir a un especialista.

No obstante, es importante matizar que las necesidades tanto básicas como opcionales de sueño para conseguir un rendimiento y bienestar óptimo durante el día van a variar en cada persona, e incluso una misma persona no tiene las mismas necesidades en todos los momentos de su vida, desde recién nacidos hasta que nos morimos disminuyen progresivamente  las horas de sueño necesarias (¿Cómo podemos saber las horas que necesitamos  para dormir cada uno? pincha aquí).

Como hemos repetido, el organismo trata de mantener el equilibrio, y es precisamente esto lo que determina la necesidad de sueño de cada organismo en cada momento (cuanto más desgaste, mayor necesidad de sueño). Las horas necesarias de sueño son aquellas que nos permiten estar bien durante el día, sin sentir somnolencia hasta la noche siguiente.

¿No dormir suficiente acorta la vida?

La  falta de sueño o privación voluntaria crónica de sueño, produce cambios fisiológicos (metabólicos, hormonales, etc.) que pueden precipitar enfermedades físicas como la diabetes, o la hipertensión que disminuyen ostensiblemente la calidad de vida. No se ha podido verificar una relación clara entre falta crónica de sueño y la muerte (no sería ético llegar a este punto en la experimentación), pero si se apunta una relación entre falta de sueño y mayor incidencia de algunas enfermedades médicas (hormonales, cardiovasculares, inmunológicas, psiquiátricas, etc.).

¿Cuándo consultar con un médico especialista en medicina del sueño?

En general, cuando la repercusión en la vida diaria sea percibida, por ejemplo al tener la sensación de sueño no reparador, somnolencia diurna excesiva, e insomnio, tanto de conciliación como de mantenimiento, se debe consultar con el médico. Personas con síntomas más específicos de las vias respiratorias como ronquidos, pausas respiratorias, o bien piernas inquietas o movimientos involuntarios durante el sueño deberían consultar también.

Otros síntomas indirectos como dolores de cabeza, problemas para concentrarse e irritabilidad igualmente hay que tenerlos en cuenta como posibles síntomas de un trastorno del sueño. Y es importante valorar también la necesidad de tomar medicación para dormir durante tiempo prolongado o el consumo de excesivo de estimulantes (cafeína, teína, nicotina,..).

Es por este motivo que le aconsejamos   que si se siente identificado con alguna de estas preguntas iniciales, o bien si  ha realizada alguno de los cuestionarios de evaluación  que le proporcionamos. En el caso de que alguno haya sido positivo,  es cuando debería consultar con un médico especialista en trastornos del sueño del adulto , el cual le  puede dar una solución eficaz a su problema, que le mejorará su calidad de sueño y a la vez su calidad de vida.

Recuerde que un sueño no reparador o de mala calidad puede derivar a otras enfermedades  mentales o cardiovascualres que le podrían acortar su vida significativamente, incluso provocar una muerte súbita. (para saber mas sobre las consecuencias de dormir los suficiente y mal pincha aquí)

Artículo sobre el sueño del adulto escrito por el Dr. A. Ferré MD PhD. Médico especialista en medicina del sueño.  Si tiene cualquier duda sobre el sueño del adulto o quiere hacer una pregunta directamente al doctor pinchando aquí. 


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