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     El objetivo principal del test de mantenimiento de la vigilia (TMV) es evaluar la capacidad que tiene el individuo para mantenerse despierto durante un periodo de tiempo. Fue diseñado por M. Mitler en 1982  para valorar la vigilia y como método alternativo y  no opuesto al TLMS. La medida de la capacidad de mantenerse despierto tiene un importante valora como medida de estado de alerta diurna en situaciones en las que se requiere  estar en un estado de atención importante.
     Actualmente la Academia de medicina del sueño ha realizado un consenso en el protocolo del TMV.
Al igual que el TLMS el TMV tiene que ir precedido por una PSG nocturna y los preparativos de la prueba son fundamentales. Por lo que se debe descartar la toma de sustancias estimulantes que podrían alterar el resultado de la prueba.
     El montaje requerido es el mismo que el del TLMS con registro frontal, central y occipital de EEG, EOG, EMG del mentón y ECG.
     La prueba consiste en realizar 4 registros de 20-40 minutos separados por 2 horas desde el despertar de la PSG. Al individuo se le sienta en la cama  en una habitación iluminada con luz indirecta (0.1 a 1,13 lux) y se le pide al paciente que permanezca despierto el máximo tiempo posible. El técnico controlará y el médico revisará el inicio del sueño, definido como la primera época de cualquier estadio de sueño. Si aparece 3 épocas de estadio 1 o una época de estadio 2, 3 o REM  dentro de los 20-40 minutos se finalizará el registro en ese momento.
     Aunque los valores de normalidad están en controversia, un trabajo define como valor bajo de la normalidad por debajo de dos desviaciones estándar para la siesta de 20 minutos de 10,9 (media= 18,1 ± 3,6)  y para la siesta de 40 minutos de 12,9 (media= 32,6 ± 9,9). En general se consideran valores anormales por debajo de 8 minutos. Se ha sugerido que pacientes con valores por debajo de 15 minutos no deberían conducir, aunque no se ha llegado a un consenso.
     A diferencia del TLMS que valora la tendencia a dormirse,  el TMV valora la capacidad de mantenerse despierto, permitiendo dar información relevante sobre la capacidad funcional diurna. Las aplicaciones más frecuente del TMV son: para valorar la capacidad de un individuo de estar despierto en trabajos de riesgo, y en pacientes con narcolepsia o SAHOS  en tratamiento  y que necesitan de un TMV para documentar su capacidad de estar despierto.

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