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EVOLUCIÓN NORMAL DEL SUEÑO (EL SUEÑO EN NIÑOS, ADOLESCENTES Y ANCIANOS)

El desarrollo del sueño normal es un proceso dinámico que se va modificando, en la relación sueño REM/NoREM, desde el feto hasta el anciano. La proporción del sueño REM va disminuyendo hasta que entre los 3-5 años ocupa sólo el 20 % del dormir, permaneciendo en esta proporción durante la vida adulta. El sueño de ondas lentas, profundo, que aparece en los estadios 3-4 del sueño NoREM, disminuye paulatinamente a partir de los 20 años y tiende a desaparecer a partir de los 60 años de edad. Esta disminución del sueño lento se mantiene, sin embargo, en las mujeres hasta edades más avanzadas que en los varones. También la distribución de las horas durante el día van variando según la edad, siendo con un patrón polifásico en el recién nacido y en el anciano, mientras desde los 4 años hasta cerca de los 60 es monofásico.
El sueño REM, por el contrario, se mantiene constante en los ancianos, estando relacionado con la función intelectual conservada, mientras que en los pacientes con demencia se observa una declinación muy marcada. La arquitectura del sueño varía con la edad y experimenta importantes cambios a lo largo del ciclo vital en el ser humano, especialmente en lo que se refiere a su duración total, distribución en las 24 horas y composición estructural.


EVOLUCION DEL SUEÑO EN LA INFANCIA

En la infancia, los períodos vigilia-sueño se repiten varias veces durante el día, patrón de sueño que persiste hasta los 3-4 meses. El porcentaje de sueño REM es mayor que en el adulto y representa aproximadamente la mitad del sueño total. Así, en el período neonatal el patrón del EEG va del estado de vigilia al estado REM, sin pasar por los estadios del sueño NoREM, y los períodos de REM ocupan más del 50% del tiempo total de sueño. Los recién nacidos duermen hasta 20 horas al día, disminuyendo lentamente a 13 ó 14 horas hacia los 6-8 meses. A partir del 4.º mes de vida, el total de REM es inferior al 40% del tiempo total de sueño y se precede de sueño NoREM. A los dos años, el sueño nocturno es de unas 12 horas. Hacia los 6 años, se configura de forma estable la duración de los ciclos del sueño en unos 105-110 minutos y se caracteriza por elevados porcentajes de sueño NoREM y sueño de ondas lentas de elevada amplitud. Un niño de diez años tiene un sueño nocturno de una duración aproximada de 10 horas.




Evolución de 0 a 12 meses

La evolución del sueño se caracteriza por pasar de ser polifásico a monofásico. El niño comienza durmiendo de 5 a 6 periodos al día cada uno de ellos compuesto de 3 a 4 horas de sueño.
Existen diferencias individuales en los hábitos del sueño debido a las características personales del niño o a las culturas de los padres. Entre las primeras, para que el niño sea mas o menos dormilón, destaca su sensibilidad constitutiva a consecuencia de una lesión del sistema nervioso, de asfixia en el momento de nacer, de una repercusión de una toxemia gravidica, microcefalia, etc. Por otra parte, el niño debe aprender unas pautas culturales de sueño y vigilia.
Hacia las 28 semanas, la mayoría de los niños duermen durante toda la noche.

El primer trimestre (0 a 3 mese): La tarea del niño durante el primer trimestre del primer año es adecuarse a la vida fuera del útero. El niño posee un repertorio de conductas que le permiten comunicar sus necesidades. Los padres, por su parte, aprenden a interpretar las señales de la conducta del niño, a fin de poder brindarle el cuidado correcto. El niño que tiene una pauta de sueño metódica duerme mas de noche, esta despierto mas tiempo durante el día y hace ininterrumpidas siestas durante el día, el lugar de breves y frecuentes sueños. Durante los tres primeros meses de vida, el niño duerme de 16 a 17 horas por día. Los periodos de sueño y de vigilia se distribuyen de manera pareja a lo largo de las 24 horas. Cuando un niño se sacia, se queda dormido, vuelve a despertarse cuando tiene hambre y permanece despierto por un tiempo breve después de la comida. Hacia las seis semanas, el niño empieza a mostrar un periodo diario de sostenida vigilia, que suele presentarse por la tarde. Los niños nacidos prematuramente tienen una pauta algo diferente, al comienzo, tienden a dormir mas que los que nacieron en termino.

El segundo trimestre (3 a 6 meses): El niño de esta edad duerme unas 14 horas en total: 9 a 10 horas de noche y de 4 a 5 horas durante el día. El día suele comenzar de las 6 a las 8 de la mañana. Hace dos o tres siestas por día a horas relativamente regulares. La hora de acostarse es entre las 7 y las 9 de la noche. Otro avance importante es que del 50 al 70 por ciento de los infantes de ese grupo de edad duermen siete horas seguidas por noche.

El tercer trimestre (6 a 9 meses): Entre los seis y los nueve meses, el niño hace varios avances críticos en su desarrollo. La capacidad de pensar que tiene el infante se ve impulsada por la comprensión de la permanencia del objeto. El niño empieza a darse cuenta de que la gente y los objetos siguen existiendo aun cuando no están a la vista. También aprende a distinguir a la gente familiar de la gente a la que solo ve de manera infrecuente. Este fenómeno se denomina conciencia del extraño. El sueño total por día varia de 13 a 15 horas. Ha disminuido el vínculo entre el sueño y la alimentación. Esta es una buena edad para establecer un ritual de la hora de acostarse, si es que aun no se ha desarrollado por sí mismo.
En ese grupo de edad se observa un resurgimiento de los llantos nocturnos, aun entre los infantes que anteriormente dormían toda la noche sin dificultad. Este fenómeno es el llanto nocturno del desarrollo. El infante se despierta normalmente después de un sueño ligero y se encuentra solo, es importante que los padres tranquilicen al niño, ya que necesita saber que sus padres volverán a el. El llanto nocturno del desarrollo cesa por si mismo una vez que el no domina la permanencia del objeto. Se puede alentar al niño a irse a dormir con un objeto especial, ese objeto transicional proporciona un vinculo físico entre el estado de vigilia y el sueño.

El cuarto trimestre(9 a 12 meses): El ultimo trimestre del primer año marca el inicio de la búsqueda de independencia. El niño en esta edad duerme 14 horas por día, 12 de las cuales son de noche, con dos siestas diarias de una hora cada una. La actividad física del infante tiene implicaciones para la conducta en el sueño.

El sueño del niño de 1 a 3 años.
El niño de esta edad puede expresar sus ideas, dar ordenes, y hacer preguntas. Posee mayor control de su cuerpo y necesita menos ayuda de los adultos para realizar actividades de la vida cotidiana. Vivir con un niño de esa edad requiere paciencia, flexibilidad, diplomacia, y humor. El rol de los padres consiste en estructurar contextos seguros para el ejercicio de la autonomía. Los padres deben guiar sin sofocar, y brindar libertad sin caos.
Se puede esperar que los niños que aun no caminan bien duerman entre 12 y 13 horas por día. Una o dos horas de ese tiempo suelen ocuparlas las siestas, estas pueden variar mucho: algunos niños duermen 20 minutos y otras 4 horas. Entre los 15 y los 18 meses, los niños entran en una fase de transición: dos siestas son demasiado y una no es suficiente.

Los preescolares y el sueño (3-5años)
Los preescolares poseen un dominio motor gracias al cual pueden correr, saltar y trepar con facilidad. También se expanden las capacidades del lenguaje, su vocabulario cuenta con miles de palabras, son capaces de entender conceptos como estar cansado, tener hambre o frío. Tiene dificultad para entender que otros pueden no compartir siempre su punto de vista. Poseen una imaginación maravillosa.
Las tendencias de los preescolares a atribuirles cualidades humanas a los objetos inanimados crean temores adicionales. Todas esas novedades tienen importancia para la conducta del sueño. Los preescolares duermen de 11 a 12 horas por noche. En su mayoría han abandonado la siesta de la tarde.

El sueño y los niños de edad escolar (6-10años)
Los niños que tienen entre 6 y 10 años focalizan su atención en la competencia y la productividad como individuos y como miembros de una familia, una escuela y una comunidad. A esa edad la autoestima es muy importante. Un niño de esta edad esta interesado en su cuerpo. La infancia media aporta avances importantes en la capacidad de un niño para pensar y hacer juicios morales. El niño duerme entre 10 y 11 horas por noche, pero el horario depende ahora de sus actividades escolares. Un estudio reciente con niños sanos de 8, 9,y 10 años dio como resultado que el 24 por ciento duerme mal. Casi la mitad reconoció dificultades con el sueño, que habían estado presentes por mas de seis meses. A algunos de los niños hasta se les daba sedantes para inducir el sueño.


EL SUEÑOE EN LA ADOLESCENCIA

En la adolescencia se produce una importante disminución del sueño de ondas lentas (estadios 3 y del NoREM). Las necesidades de sueño en esta edad, 9 horas, casi nunca son cumplidas por los adolescentes, por lo que presentan distintos grados de somnolencia diurna por privación crónica de sueño.


EL SUEÑO EN LA EDAD ADULTA

En la edad adulta el sueño NoREM ocupa el 75%, del cual el estadio 1 ocupa el 5%, el estadio 2 ocupa el 45%, el estadio 3 el 25% , aproximadamente.  Los períodos de REM ocupan el 25% del tiempo de sueño total.

 


EL SUEÑO EN LA ANCIANIDAD

De la tercera a la sexta década de la vida se produce una disminución lenta y gradual de la eficacia del sueño y del tiempo total de éste. Poco a poco, el sueño se vuelve más fragmentado y ligero. No sólo se modifica en su cantidad, con disminución total de sueño nocturno, sino también en su estructura, con fragmentación del sueño, aumento del número de despertares nocturnos, disminución del sueño profundo y menor disminución del sueño REM, que además se desplaza a las primeras horas del dormir. Así mismo, se modifica su distribución temporal, por lo que el ritmo vigilia-sueño vuelve a ser polifásico y se produce un avance progresivo de fase, lo que se traduce en que se acuesta antes y se levanta antes.
En la ancianidad, el sueño se vuelve más fragmentado y más ligero y existe una disminución del tiempo total de sueño nocturno, reducción del sueño de ondas lentas (estadios 3) y del REM, con un aumento proporcional del sueño en estadio 2 y un mayor número de despertares nocturnos que en el adulto. En el anciano aparece una mayor prevalencia de alteraciones del sueño, en gran medida como consecuencia del padecimiento de trastornos médicos o psiquiátricos, por lo que será necesario indagarlos en la anamnesis, para tenerlos en cuenta a la hora de su tratamiento. El sueño va perdiendo, poco a poco, en calidad y cantidad conforme aumenta la edad, pero no ya por ella misma, sino por la influencia de las crecientes patologías orgánicas que van surgiendo, con lo que se hace más superficial, aumenta la latencia del sueño y disminuye el tiempo total. El deterioro de la calidad del sueño es paralelo al daño estructural y a la disfunción del SNC, como puede medirse a través de pruebas que valoran el funcionalismo cognitivo y el flujo sanguíneo cerebral. A medida que aumenta la edad, se produce un acortamiento del ritmo circadiano endógeno subyacente con tendencia a despertarse más temprano de forma progresiva, a lo que se añade la tendencia natural del anciano a acostarse también antes.




BIBLIOGRAFIA:

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