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No se suele hablar de ello. Suele dar vergüenza o provocar risa. Pero la palabra «erección» se sigue buscando en Google, y cada vez más. Y que se sepa la sexualidad sigue teniendo un papel central en la vida cotidiana y la salud. Quizás por todo eso no se pueden dar por sentadas demasiadas cosas y aún es posible

sorprenderse al aprender algo nuevo.

Así ocurre por ejemplo con las erecciones matutinas. Un fenómeno que puede resultar simpático, incómodo, placentero o indiferente se basa en un refinado mecanismo fisiológico que mantiene al pene en un buen estado de funcionamiento. Y que, si no está presente, puede indicar que hay alguna enfermedad o problemas de disfunción eréctil.

La erección matutina o lo que vulgarmente llamamos la "trempera matinera"; «Es un mecanismo de recuperación (...). Es un proceso fisiológico que permite que los cuerpos cavernosos del pene se llenen de sangre y se oxigenen», explica Mariano Roselló, urólogo y director del Instituto de Salud Sexual en Madrid. Cuando eso ocurre, estos tejidos se hinchan y producen la erección del pene. Según dice, a lo largo del sueño, las personas atraviesan varias etapas de sueño REM en las que se suele producir una erección. 

Durante estos ciclos las personas sueñan y el cerebro inicia algunos mecanismos encaminados a procesar los recuerdos, a aprender y a equilibrar el humor. Ocurren entre tres y cinco veces por noche, así que la última de las erecciones nocturnas asociadas se convierte en la matutina al llegar la mañana.

El mecanismo de la erección

La testosterona juega un papel importante en la regulación de la frecuencia y la magnitud de las erecciones del pene, pero hay otras hormonas, como las prostaglandinas, así como otros estímulos implicados. En todo caso, cuando llega la señal que activa la erección, se libera un gas llamado óxido nítrico que tiene la capacidad de relajar la musculatura lisa que rodea a los cuerpos cavernosos y a las arterias helicinas (que se llaman así porque tienen forma de hélice).

Como resultado aumenta la entrada de sangre en estas estructuras y el pene aumenta su volumen, pasando «de los cinco a seis centímetros a los 12 o 14», según explica el urólogo.

Con todo, hay varios factores de riesgo que pueden dificultar que se produzca ese mecanismo de recuperación que son las erecciones matutinas: no dormir lo suficiente, sufrir apneas, roncar y tener sobrepeso. ¿Qué consecuencias puede tener esto?

El centinela de la salud

«Una erección es un centinela de salud vascular periférica del varón y por tanto, la falta de erección (...), es motivo suficiente para acudir al especialista independientemente de si se mantiene o no vida sexual activa», opina Anabel Roselló, portavoz del Instituto de Medicina Sexual de Madrid.

Es decir, los «gatillazos» o la falta de erecciones matinales pueden ser un signo que indica que hay problemas circulatorios relacionados con la diabetes, la hipercolesterolemia, la obesidad, el tabaquismo o el consumo de ciertas sustancias.

Los temidos «gatillazos»

«El gatillazo (la pérdida súbita de erección) es muy frecuente. No hay ningún hombre que haya estado con más de una mujer y que tenga más de 40 años que no la haya tenido alguna vez», afirma rotundamenteAntoni Bolinches, psicólogo clínico y sexólogo. «A medida que nos hacemos mayores vamos perdiendo potencia sexual. Las paredes cavernosas pierden capacidad de esponjamiento, la erección es menos turgente y menos frecuente».

Sin embargo, por su experiencia es muy probable que los problemas de erección tengan una solución relativamente sencilla. Y una forma de hacerlo es aceptar las limitaciones. «Aceptar la incompetencia es el camino. El que hace lo que puede no está obligado a más. Ganará seguridad y sentimiento de competencia». O dicho en otras palabras, «si la erección se va, déjala que ya volverá».

Esto es en su opinión una buena receta en muchos casos, pero no todos. «Hasta los 50 años, el 90% de las disfunciones eréctiles tiene un origen psicológico». Pero a edades más tardías, los factores de riesgo como el tabaco, el alcohol, el café y otros agentes esclerotizantes (o sea, que disminuyen la flexibilidad de los cuerpos cavernosos), aumenta el porcentaje de impotencias orgánicas, es decir, que no tienen un origen psíquico. Eso sin contar con las disfunciones eréctiles relacionadas con otras enfermedades.

 

 

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